Existen teorías, como la de estimulación óptima o la de patrones de onda sincrónicos de Rogers, que entienden la atención como, un sistema de autorregulación en sí mismo.
En este sentido, la música (especialmente en lo que se refiere al uso de instrumentos) les proporciona la actividad que demandan exigiéndoles al tiempo una atención que se encubre con el placer que les supone el proceso creador.
Estudios desarrollados por Douglas evidencian la atracción de los niños hiperactivos hacia lo novedoso.
Entre los 0 y los 2 años presentan una elevada reacción ante estímulos auditivos.
La música les puede presentar estímulos auditivos novedosos en múltiples campos, que también requieran de participación y movimiento, como la dramatización de un cuento con instrumentos, los desplazamientos al ritmo de la música, etc. Notar aquí que, sin que los afectados lo perciban, se está trabajando uno de los aspectos más importantes dentro de la hiperactividad, como es la falta de atención y la canalización de su movimiento.
El procesamiento de la música ayuda a activar los dos hemisferios cerebrales.
Ambos hemisferios desempeñan misiones distintas, aunque susceptibles de ser puestas simultáneamente en marcha con la realización de algunas actividades, como las musicales, cuya ejecución activa las funciones del hemisferio derecho (ligado por lo general a la emoción, la capacidad artístico-musical y espacial) y del hemisferio izquierdo (relacionado con el lenguaje y las operaciones lógicas).
Especialmente antes de los 3 años la música les ayuda en su comunicación verbal, pues presentan un lenguaje con gran inmadurez expresiva.
El enriquecimiento lingüístico contextualizado que se produce con las canciones les ayuda a mejorar su vocabulario al tiempo que las manifestaciones grupales le permiten entrenar su expresión sin cohibirse, al encontrarse amparado por el resto de compañeros.
La música ayuda a mejorar la relación del cuerpo con el entorno.
La estimulación musical permite que el mundo interior entre en contacto con el mundo exterior a través de una serie de sensaciones del campo físico (vibraciones), auditivo (melodías diversas), visual (diferentes instrumentos o formas de escritura o representación de signos musicales, recordemos a Kodaly) o psíquico (lo que sugiere la obra trabajada).
La música les facilita el desarrollo del lenguaje, que estos niños tienen menos desarrollado y que tiene gran importancia a partir de los 7 años, pues asume un papel de autorregulación.
La música les permite comunicarse con fluidez y libertad, pues, cuando les cuesta expresar sus propios pensamientos o sentimientos verbalmente, pueden superar su frustración expresándose a través de una canción cuyas palabras muestren, por ejemplo, un estado de ánimo similar al suyo. A su vez, esto les ayuda a darse cuenta de que hay personas que se sienten igual que él.
El ambiente familiar y escolar se ve mejorado con la música, lo que facilita la integración y modificación de la conducta del alumno.
Al trabajar la música en grupo se crea el clima emocional idóneo para expresarse y relacionarse con sinceridad y libertad. Así, cuando el niño hiperactivo consiga interactuar de manera positiva con sus compañeros en la sesión de música, comprenderá que también puede hacerlo fuera del aula, pues habrá aprendido nuevas formas de comunicación.
La música contribuye a reducir los niveles de ansiedad y a alcanzar una respiración más profunda y relajada.
Trabajar con música permite adaptarse al ritmo interno de cada individuo, algo de enorme importancia para tratar a alumnos que, por su hiperactividad, puedan presentar un ritmo de aprendizaje más perturbable.
Informes de investigaciones experimentales, enmarcadas dentro de las teorías del procesamiento de la información, han destacado la importancia de la música sobre la atención y la memoria.
El incremento de la actividad, de la atención selectiva y de la producción, se ven influidos por la música.
La música tiene efectos sobre el cuerpo, la mente, las emociones y la función autónoma.
Con la música el alumno aprende a conocerse, con sus virtudes y defectos; pero también aprende a valorarse a sí mismo y a los demás respetando las diferencias positivamente. Al realizar tareas grupales, consigue metas que de otra forma quizás no lograría, mejorando su autoestima y predisposición para la realización autónoma de tareas. Esto, unido a la gratificación que aporta trabajar con música, les ayuda conformar su personalidad.
Los métodos receptivos o auditivos con los que se escucha la música al tiempo que ésta se combina con ondas de sonido de baja frecuencia (vibroacústicos) permiten relajar todo el cuerpo.
Debido a la gran actividad que presentan los sujetos hiperactivos y a que muestran cortos períodos de sueño, necesitan espacios de relajación; para ello se puede aprovechar para relajarles con música acompañada de vibroacústicos o masajes antes del comienzo de estos momentos de descanso.
El empleo de técnicas activas unidas a la música, como la utilización del propio cuerpo o distintos instrumentos, ayuda a la mejora de la relación con otras personas.
Según los estudios llevados a cabo por Stewart, los niños hiperactivos se comportan con normalidad al exponerse a un ambiente rico en estímulos.
Ver más: http://www.filomusica.com/filo51/hiperactivo.html
Laura.
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